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"Se puso fresco y a mi edad, se nota", dijo Clara de repente. Entró a la casa, buscó un abrigo y regresó a la terraza. El sol empezaba a esconderse detrás de los cerros pero el cielo seguía claro. "Típico atardecer serrano", exclamó mientras se cercioraba de que las hormigas hubieran sucumbido a la generosa dosis de veneno. "Si me...

"Al menos a don Eustaquio lo recordaban con amor. Muy diferente fue lo que le pasó a don López", pensó Clara, al evocar lo ocurrido con otro vecino del pueblo.

"No muy diferentes son las leyes implícitas de las sierras", se dijo Clara, al recordar cómo conoció a don Eustaquio:

Aceptar fue lo que más le costó a Vicente ante la muerte de su mejor amigo. El recuerdo de ese joven que Clara había conocido, hacía tantos años que ya ni podía precisarlos, se le presentó nítido.

"Vaya uno a saber si Ángel sería capaz de creer en la noche de los deseos después de aquel incidente", pensó Clara y de inmediato reconstruyó en su mente aquella situación.

"Muy diferente era doña Catalina. Ella sí que sabía disfrutar de la vida y eso que la suerte siempre la gambeteaba, la salteaba", reflexionó Clara. La pobre se había quedado en Italia, pasando hambre con sus dos hijos, esperando noticias de Paolo, su marido, quien se había subido a un barco rumbo a Argentina, con la promesa de lograr un...

El recuerdo del olor a pan de tía Rosaura la trasladó a otra sensación prendida en las remembranzas, el olor a tierra mojada de aquel lejano lugar que la abrazó en el peor momento de su vida. Allí el suelo parecía baldosa refractaria cuando se calentaba al sol ardiente, pero regalaba un perfume a arcilla en remojo cuando llovía. Ese...

Con amor

17.04.2017

"De cómo se conocieron tía Yeyena y tío Mario no me acuerdo, o nunca lo supe, no sé. Pero del flechazo amoroso que sí me acuerdo, porque mi madre siempre lo contaba, es el de tía Rosaura y tío Mateo. Rosaura en realidad era tía de mamá y la historia era más o menos así":

Tía Yeyena era lo opuesto a tía Clotilde, pero tenía algo de tía Justina. "La casa de tía Yeyena, ¡cuántos recuerdos!", pensó Clara.

Sin perdón

15.04.2017

"Falleció Tía Justina, dijo mamá por teléfono y estuve a punto de decirle: lo sé", recordó Clara, mientras sorbía un mate y controlaba las trenzas de su tejido. Es que esa mañana, cuando ya era adulta y pensaba que esas raras conexiones no la visitarían más, se había despertado escuchando la voz de su tía diciéndole "perdón".

"De las cinco hijas de abuela Ana, la que más heredó ese modo sabio de enfrentar la vida, fue tía Clotilde, sin dudas", pensó Clara y la sonrisa se le dibujó con el recuerdo:

La madre de Fernando, la abuela Ana, tenía una personalidad similar. De cuerpo pequeño, nariz ancha, ojos muy grandes, pelo dividido al medio y atado en grueso rodete, con gestos lentos resolvía todo con suma tranquilidad. Como la casa de la abuela empezaba donde terminaba el patio de la casa de su hijo Fernando, Alba y Clara pasaban mucho tiempo...